Valencia, ayy Valencia

Mecuagüenlaleche Merche que mal me hallo. Ese podría ser el resumen de la media maratón de Valencia del sábado.

Después de 15 días de catarro y fiebre, que me dejó fuera de combate para la 10K de Laredo para la que llevaba desde noviembre preparándome, me planteé hasta el mismo viernes por la mañana si me iba a Valencia.

Después de hacer unas series con María a las 7 de la mañana del viernes (arrastrándome más que corriendo) decidí que sí, que me iba a Valencia. Y allá que nos fuimos con la familia.

Ya el sábado por la mañana nos fuimos a por el dorsal. Después a comer con Diego y Richi, que resulta que habían reservado en el mismo restaurante y a la misma hora que nosotros. ¡Ya es casualidad!

Después de comer, ellos se fueron a descansar y nosotros a tomar café al Corte Inglés. De ahí a cambiarme de ropa y a calentar.

No sé dónde había oído o leído que había que estar en los cajones de salida media hora antes. Estuve un rato calentando y me metí ya en mi cajón. Pronto se llenó todo el cajón y quedamos como sardina en lata. 15 minutos esperando allí quietos, con el viento que hacía, y viendo la carne de gallina de los que tenía delante, me estaba quedando helado.

Por fin dieron la salida y arrancamos. ¡Maaaaaaaaaaadre si no puedo ni con mi alma! Y todavía me quedaban 21 kilómetros.

Desde el primer momento se podía correr bien, sin tropezarte con nadie y sin que nadie hiciese de tapón. Muy buena la organización de los cajones.

No pienses y corre, lo que salga, salga. La parte mala fue la flojera que llevaba y el viento que siempre daba de cara. Lo bueno fue que con tantos corredores siempre ibas arropado y la cantidad de público que había durante todo el recorrido con la animación que había. No tenía ninguna molestia en las piernas y la respiración iba muy relajada, demasiado relajada. Pero la cabeza…. Ayyyyy la cabeza, qué malas sensaciones, qué flojera.

Decidí no mirar el reloj ni para ver ritmos, ni pulsaciones, ni la distancia recorrida. Yo no vi ni un cartel con el punto kilométrico de la carrera. Que no digo que no hubiese, pero no vi ni uno. Así que no sabía ni cuánto quedaba de carrera.

De repente, al viento se le sumó una chaparrada de agua. Vale, que llueva lo que quiera, pero que se quite el viento. Pues nada, lo que se marchó fue la lluvia, pero se quedó el viento.

Tras unos cuantos avituallamientos pasamos por uno que daban geles. Entonces me acordé que llevaba yo un gel que tenía intención de tomármelo por el kilómetro 15. Ahí fue la primera vez que miré el reloj para saber en qué kilómetro estábamos. La sorpresa es que estaba en el kilómetro 14 y pico. Se me había pasado volando a pesar de todo. Esperé un poco más y me tomé el gel que me dio un poco de alegría, pero no para tirar cohetes.

Segunda vez que miré el reloj y marcaba 17 kilómetros y pico. No miré ni ritmo, ni pulsaciones ni el tiempo que llevaba. Ya quedaba poco.

Siguiente mirada al reloj, kilómetro 19,800 y 1h30’. Faltaba todavía un kilómetro y medio, la tragedia se mascaba. De pronto una voz a mi lado que me dice:
– Vaya carrerón has hecho.
– ¿Quién, yo? Le dije perplejo
– Sí sí, tú
– ¿Qué dices? Pero si no me voy ni acercar a mi mejor marca
– Bah, yo tampoco por este puto viento, pero estoy contento
– Pues hala, sigue disfrutando, campeón.

Y aumentando el ritmo lo dejé atrás. Lo que me falta que me dijeran que había hecho un carrerón. Además, él qué sabía. ¿De dónde había salido? ¿Se me habría acoplado a la espalda y no me había enterado? ¿Otra vez se me cuelgan a la espalda? Llevo tiempo diciéndolo en broma pero al final voy a tener que poner en serio en la parte de atrás de la camiseta “NO ME SIGAS QUE LANZO COCES”.

El primer cartel que vi con la distancia fue entrando en la Ciudad de las Ciencias que ponía “200 metros a meta”. Aceleré, que no se puede decir que esprinté porque las piernas no estaban por la labor.

Y entré en meta. 1h37’10” ¡Vaya cagada! Podría echarle la culpa al viento que fue asqueroso durante toda la carrera, pero qué va. Dos semanas con catarro, fiebre, un par de kilos perdidos y una medicación con un antihistamínico que me dijo el médico que me lo tomara por la noche porque daba un poco de sueño (¿un poco? Eso tumba un elefante) fue la causa. El viento no ayudó desde luego, pero el daño ya estaba hecho antes.

Un 10 para la organización y un 10 para Valencia que se volcó con la carrera (en España no he visto tanto público en una carrera). Un suspenso para mi primera media del año en la que esperaba algo más.

Ahora ya sin ningún objetivo a la vista más que la maratón de Nueva York en noviembre. De hecho, no estoy inscrito a ninguna carrera más y la verdad es que tampoco tengo ninguna gana, por lo menos para intentar hacer algo decente.

2 comentarios en “Valencia, ayy Valencia

  1. María dice:

    Me parece que has hecho un carrerón, Igualmente…. Enhorabuena, Jefe!!

    1. Luis dice:

      Eso es que me ves con buenos ojos XD

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