Lo que he aprendido siendo acompañante en las carreras

Desde la primera vez que acompañé a María para bajar su mejor marca en media maratón, he descubierto una forma diferente de disfrutar en algunas carreras. Como también he descubierto que no en todas las carreras uno puede mejorar sus tiempos, pues qué mejor que acompañar a otros para que intenten mejorar las suyas.

Y así, con la tontería, ya he hecho unas cuantas carreras siendo acompañante, sin ir más lejos, este domingo fue la última vez en la Media de Vitoria. Y en este tiempo, he aprendido unas cuantas cosas para acompañar a alguien en una carrera.

Primero, que debes ir sobrado rodando al ritmo al que vas a hacer la carrera. Ir sobrado no significa que vayas a ir muy por debajo de tu ritmo habitual, sino con el suficiente margen de maniobra por lo que pueda suceder. No es cuestión de que vayas al límite y que, por culpa de cualquier bajoncillo que te dé, tengan que cambiar las tornas y seas tú el que sea llevado por el que en teoría estás llevando.

Segundo, seguir un plan de carrera. Si la persona que te ha pedido que le acompañes te pide terminar una carrera en un tiempo determinado, debes conocer cuál es su plan: si seguir toda la carrera al mismo ritmo, si la quiere dividir en varias partes para cambiar el ritmo en cada parte, etc. Una vez que empiece la carrera, creo que es bueno que la otra persona se olvide del reloj o sólo lo mire si quiere controlarse las pulsaciones. Esa persona debe confiar plenamente en ti y tú le debes ir informando si los ritmos varían según el plan de carrera.

Tercero, ser capaz de mantener un ritmo constante. Cuando corres a un ritmo inferior al que correrías en una carrera, lo normal es que el cuerpo te pida ir más rápido, y más en una carrera, donde es muy fácil dejarte arrastrar por el resto de corredores. Por eso hay que mantenerse concentrado en el ritmo, procurando que sea lo más constante posible. No hay nada peor que llevar a alguien pegándole tirones cuando va rozando el límite de sus posibilidades.

Cuarto, tienes que ser capaz de ponerte en el lugar de la persona a la que acompañas en todas las circunstancias y en todos los momentos de estado. Y esto sólo se consigue con experiencia, cuando tú mismo has pasado por unas cuantas circunstancias y unos cuantos estados de ánimo y estados físicos. Para conocer su estado de fuerzas y de ánimos hay que ir preguntándole pero sin agobios, no siendo cansino preguntando cada kilómetro. Con María tengo la suerte de que la conozco tan bien que no me hace falta ni que le pregunte, me basta con escucharle respirar o verle su forma de bracear para saber cómo está.

A mí también me han hecho de liebre y se nota una tranquilidad (si confías en la persona que te lleva, obviamente) que de otra forma quizás te llevaría a cometer algunos errores. Además el que una persona tire de ti hace que tú puedas mantener un ritmo que es posible que si fueras solo te haría bajar la velocidad o incluso en algunos casos incluso abandonar. Por eso, cuando en las carreras veo a corredores que están acompañando o tirando de otros, los admiro, porque están haciendo una buena labor.

Fotos de Carlota y Óscar

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