Media maratón de Vitoria. Entre el amor y el odio

Entre la media maratón de Vitoria y yo hay una relación de amor-odio, ya lo he dicho varias veces en este blog. En esta carrera de Vitoria tengo mi peor marca en media maratón y mi mejor marca en media maratón; con una diferencia de un año.

Desde que el año pasado conseguí mi mejor marca en 21,0975 kilómetros en Vitoria no la he vuelto a superar, y mira que lo he intentado a lo largo de este año. Así que ayer en Vitoria iba a ser mi última oportunidad del año para superar la marca. Y estaba decidido a intentarlo y convencido de que lo iba a conseguir. A parte de haber corrido 21 días antes la maratón de San Sebastián (con MMP), la semana anterior a la maratón la Behovia y el sábado la carrera de la Esperanza (a lo loco) ¿qué podía salir mal? XD

Y a Vitoria que nos fuimos un grupo de Beer Runners de Logroño en bus. Allí me junté con mi compi que había ido en su coche y planificamos la carrera: primeros 2 o 3 kilómetros suaves, en torno a 5 mins/km para entrar en carrera, y a partir de ahí a tirar por sensaciones.

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Y así hicimos. Primer kilómetro a 5:02, segundo 4:42, tercero 4:46 y a partir de ahí subimos el ritmo para ir rodando entre 4:20 y 4:30. Sobre el kilómetro 7 se nos unió un anónimo vestido de negro que nos acompañó durante varios kilómetros. El anónimo era un tiarrón más largo que un día sin pan, estilo jugador de baloncesto, y claro, una zancada suya equivalían a dos nuestras. Pero a pesar de todo íbamos cómodos.

No nos dirigimos la palabra los tres en todo el rato. Parecía que íbamos enfadados. Íbamos concentrados con que ninguno se fuera quedando rezagado, con las pulsaciones, esa respiración que parece que no encuentra su sitio…. En fin, íbamos bien.

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En el kilómetro 11 empecé a sentir un dolorcillo en la rodilla izquierda que fue aumentando de intensidad en cuestión de segundos. Bajé el ritmo y mi compi hizo lo propio pensando que igual íbamos muy fuertes, pero le dije que siguiesen ellos dos. No di más explicaciones.

Durante un kilómetro o así los seguí teniéndolos a cuatro zancadas de mí pero de repente sentí en la rodilla como si me hubiesen clavado algo. Paré de dolor. Al estar parado el dolor se relajó, así que seguí andando aunque cojeando porque me dolía cada vez que apoyaba el pie.

Así, caminando, me fue disminuyendo el dolor y probé a trotar primero y correr después. Me dolía pero se podía aguantar si no bajaba el ritmo de 5:00. Aún así tenía que parar de vez en cuando para que el dolor disminuyera.

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Por el kilómetro 18 había parado para que bajara el dolor y me pasó la liebre del 1:45h. Me uní a ella durante un kilómetro e iba cómodo, pero me volvió a dar otro pinchazo. Nada más parar me adelantó un Beer Runner de Pamplona y me dijo que fuera con él. Y eso hice. Me llevó de maravilla hasta pasado el kilómetro 20, pero bajé el ritmo porque me dolía y no era cuestión de forzar más en los últimos metros; bastante había forzado ya.

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Entré en meta en una hora y 46 minutos, muy lejos del tiempo que había pensado hacer. Y con una rodilla que pedía clemencia.

En la meta me esperaba mi compi al que ya le conté lo que había pasado. Me echó la bronca por las burradas de las últimas semanas y el consabido “ya te dije que tenías que haber parado”.

Nos fuimos a duchar a Mendizorroza, ¡¡¡con agua fría!!! Por Dios, ya era lo que faltaba, con el frío que había pasado en la carrera además. Bastante gente que entró en la ducha, viendo que no salía agua caliente, se fue sin duchar. Vitoria, te odio, después de lo que me has hecho pretendes que me duche con agua fría. Pues así fue.

Las penas se nos fueron enseguida tras la ducha, con una cerveza y la comida con el resto de Beer Runners. Al final compensó la comida con el desastre de la carrera. Ahora a parar, a recuperar y a empezar el año con nueva energía.

Fotos by Vicky Pujades

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