Callando bocas. Carta a Emilio

emi

Querido Emilio, siempre he defendido que para ser un gran corredor no hace falta correr una maratón. Que correr una maratón es (o debería ser) una opción personal, una opción que uno debería decidir libremente sin la presión de nada ni de nadie. Una opción que no debe servir para demostrar nada a nadie. Somos corredores populares, aficionados a eso del running que no nos debemos a nadie; ni le debemos rendir cuentas a una marca comercial o a un club. ¡Somos afortunados! Hacemos lo que hacemos porque nos gusta. Sin más.

Una maratón debería ser una carrera que corro porque sí, porque me apetece, porque me da la gana, porque me gusta correr y voy a dedicar mis ratos libres, durante una larga temporada, a entrenar para una carrera que me gustaría correr. ¿A que es fácil de entender? Pues tú bien sabes que no es así. Que cuando anuncias ilusionado que vas a correr una maratón comienzan a sobrevolar los pájaros de mal agüero vaticinando que no, que la maratón no está hecha para ti, o tú para la maratón, tanto monta… Por si tus inseguridades no fueran suficientes para dificultar la decisión de afrontar semejante reto, ya hay quien se encarga de enturbiar tu ilusión.

Pues mira, te admiro, porque lejos de dejarte amedrentar por las dudas más que razonables de alguien que se enfrenta por primera vez a una maratón, te has rebelado ante aquellos que decían que no lo conseguirías. Y te pusiste a entrenar duro, en serio, a cuidarte, a dejar ojipláticos a los que te decían vámonos de fiesta y tú les decías “no, mañana tengo que madrugar para ir a entrenar”…

Yo te creí que así lo harías desde que me anunciaste que ibas a correr la maratón de San Sebastián junto a tu compadre Julián. No me convencía el plan de entrenamiento que habías decidido seguir, pero si tú confiabas en él, yo te iba a echar una mano en lo que pudiese.

Los avances que fuiste consiguiendo fueron espectaculares. Sí, espectaculares, no exagero, que yo iba contigo en algún entrenamiento y veía el ritmo que llevabas, mientras hablabas, reías, gritabas, saltabas…. Tú no te atrevías a mirar el reloj, mejor así jejejejeje.

Cuando me pasaste por WhatsApp el informe de tu tirada larga me emocionaste. Lo tenías en el bote, ya estaba, el entrenamiento había llegado a su fin. Cuando me dijiste que todavía te quedaba una tirada larga más, te dije que por Dios no lo hicieras, que no estropearas con más carga de kilómetros a tu cuerpo (reconozco que también influenciado por mi animadversión hacia ese plan de entrenamiento). No me hiciste caso del todo, pero bueno, te lo perdono jejejejeje

La Behovia fue la prueba de fuego para reafirmarte en que estabas más que preparado. Creo que para entonces muchos de los que estábamos a tu alrededor estábamos convencidos de que estabas en condiciones ideales para correr una maratón. Supongo que para entonces todavía seguía habiendo pájaros de mal agüero revoloteando, pero creo que a esas alturas ya nadie se atrevía a decirlo a la cara.

El anuncio de que harías la carrera acompañado del Gran Juan Oli fue la liberación de cualquier fantasma anímico que pudiera surgir; porque si alguien ve de forma positiva la vida, y siempre encuentra las palabras indicadas para levantar el ánimo, ese es Juan Oli. Pero la sorpresa nos la dio Diego el día antes de la carrera, diciendo que te acompañaría también durante los 42 kilómetros. Menudo cortejo en la ceremonia de la maratón ibas a tener. Menudos depósitos de combustible ibas a llevar a tu lado para ir repostando tu lado emocional con Juan y tu lado racional con Diego. Y los dos querían acompañarte después de haber corrido 73 kilómetros, Juan, y 42, Diego, en otras carreras días antes. Y con sus achaques por esas carreras.

Pero las piernas, la cabeza y el corazón los pusiste tú. Tú, Emilio. Durante 42 kilómetros y 195 metros hiciste lo que querías hacer, porque tú querías hacerlo. Sin tu compadre, que mira que nos dolió a todos que no pudiese ir (a ti y a él más que a nadie, claro), pero con tu coraje, con tu ilusión, con tooooodo tu entrenamiento y con todo tu corazón. Y lo conseguiste. Todas tus dudas, tus inseguridades y tus miedos las dejaste a tu espalda cuando cruzaste la meta.

Mejoraste el mejor tiempo que tú habías previsto, no el de 5 horas (ese era muy pesimista), sino el que decía el plan de entrenamiento (a ver si va a resultar que ese plan de entrenamiento funciona jejejejeje) ¿Qué más se puede pedir? Sí, que estuviese tu chica en meta, esa chica que ha hecho su propia maratón para que tú corrieras la tuya.

¿Y esos pájaros de mal agüero? ¿Les damos más protagonismo? ¿Verdad que no?

Orgulloso de ti Emilio.

Un comentario en “Callando bocas. Carta a Emilio

  1. Raquel dice:

    Pedazo carta! !!!!!! Pero tienes razón Juan, cuando le dices a la gente que vas a intentar algo, siempre está el listill@ de turno que te dice””para que…”””. Pues porque si, porque me da la gana y me apetece. Yo solo puedo decirte Emilio que mucho ánimo, que vas a conseguir todo lo que te propongas, ahhh y que a New York me iría contigo, pero yo de compras ja ja ja ja . Besos para los dos

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