Media maratón de Berlín 2016

Este fin de semana nos fuimos a Berlín nueve Beer Runners de Logroño, más acompañantes, para correr la media maratón. Mi intención para esta carrera era hacer 1:30. Desde que empezó el año pensaba en esa marca. Durante estos cuatro meses me he preparado para esta carrera y aunque entre medio haya hecho otras carreras, los entrenamientos, los descansos, las reservas de energías… estaban pensadas para Berlín.

Después de un entrenamiento de hace unos 20 días, me empecé a sentir mal de las piernas. Se cargaron mucho, parecían bloques de hormigón. Me costaba correr, en varias sesiones de series tuve que retirarme y no conseguía encontrar un ritmo cómodo.

Cuando las piernas se fueron descargando, empezaron las molestias en una rodilla, que me ha acompañado hasta el día anterior a la carrera. El martes fue el último día que entrené con el fin de descansar y dejar que la rodilla se recuperara. La verdad es que no estaba nada fino, pero aún así estaba decidido a hacer la marca.

EL viernes llegamos a mediodía a Berlín, nos instalamos, comimos, fuimos a la feria del corredor a por los dorsales y nos fuimos a patearnos la ciudad. Al día siguiente madrugamos para salir a trotar unos 20 minutos para soltar piernas. Por dos veces me dio un latigazo en la rodilla que me hizo salta en el aire, pero estaba convencido de que en cuanto me pusiera el dorsal al día siguiente se me iban a pasar todos los males.

En la feria del corredor con la mascota de la carrera Fridolin Flink

En la feria del corredor con la mascota de la carrera Fridolin Flink

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Visitando Berlín

Visitando Berlín

Y llegó el domingo, el día de la carrera. Las sensaciones eran buenas, hacía muy buena temperatura, sin viento, buen ambiente… era todo propicio para conseguir hacer el tiempo que había previsto.

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Los nueve Beer Runners estábamos desperdigados por los cajones: Diego y Chuchi en el A, Jon y yo en el C, y el resto en el F. En la inscripción solicité el cajón B, pero me dieron el C, de lo cual ahora me alegro porque así pude compartir carrera con Jon.

La salida era en el Berliner Congress Center. Había mucha aglomeración de corredores. Yo pensaba que cuando hubiéramos pasado la línea de salida esa aglomeración se fuera disolviendo, pero no fue así. Costaba correr. Había que buscar huecos para poder adelantar. Hasta la Puerta de Brandeburgo, en el kilómetro 3, no se fue descongestionando algo.

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Hasta ese momento el ritmo era de 4:35 y, quitando el engorro de buscar huecos para adelantar, las sensaciones eran buenas y la rodilla estaba respondiendo, así que en Tiergarten aumenté el ritmo y me fui de Jon que iba un poco forzado.

Las carreras de Berlín tienen fama de ser rápidas por ser llanas. La verdad que durante esos primeros kilómetros la sensación era de que ibas cuesta abajo. Fui constantemente mirando el reloj, mucho más que en cualquier otra carrera. Sólo quería saber el ritmo que llevaba, ni el tiempo que llevaba, ni la distancia… sólo me preocupaba el ritmo puntual, ni siquiera el parcial.

Me fui fiando del ritmo del reloj todo el rato. Me marcaba 4:17, 4:20, 4:25, de nuevo 4:17… en algunos momentos que se iba hasta los 4:00 y menos tenía que bajar el ritmo para no fundirme. Iba fenomenal y contento porque estaba cumpliendo con el plan que tenía.

En el kilómetro 15 me permití el lujo de bajar el ritmo hasta 5:00 para tomar el avituallamiento tranquilo. En ese momento me alcanzó Jon y fuimos juntos unos metros hasta que lo volví a dejar. Los ritmos que me marcaba el reloj seguían rondando el 4:20 y no me encontraba cansado.

Sin embargo en el kilómetro 19, de repente, me dio el bajón. Jon me volvió a alcanzar y esta vez fue él el que me dejó. No me preocupé porque bajando hasta 5:00 iba cómodo y lo más que podía perder eran 2 minutos. Ya sabía que no iba a hacer 1 hora y 30 minutos, pero estaba convencido que iba a bajar de 1:35 seguro. Vamos, me hubiese jugado el cuello a que lo hacía. El último kilómetro lo hice en 5:20, pero sin preocuparme. Cuando pasé la meta paré el reloj y ahí me llevé el bofetón: 1 hora y 43 minutos. Me enfadé, me enfadé mucho. “¿Pero qué dices?” le dije al reloj en voz alta. “Me has vacilado durante toda la carrera” (eso me lo pensé, no se lo dije en voz alta).

Jon me estaba esperando en la meta y con el abrazo que nos dimos se me fue de un plumazo el enfado. Estaba incrédulo, pero qué más da; ya no se podía hacer nada. Había disfrutado de la carrera, había vuelto a terminar sin una molestia, sin cansancio exagerado… pues a seguir disfrutando.

En línea de meta nos esperaba el avituallamiento final con agua, plátanos, té y cerveza, cómo no.

En la meta con Jon

En la meta con Jon

Nos fuimos a reunirnos con Diego y Chuchi que, evidentemente, ya habían llegado. Chuchi había llegado primero y Diego había conseguido su mejor marca. Todos contentos.

El resto llegó haciendo piña también muy contentos, así que nos fuimos a celebrarlo. Por la tarde el agotamiento se fue apoderando de mí y ya no quería ver más de la ciudad, quería cenar e irme a dormir.

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A la celebración se unió hasta el camarero del restaurante

A la celebración se unió hasta el camarero del restaurante

Todavía sigo sin entender el misterio de los ritmos. Viendo ahora los tiempos parciales en el ordenador me marca entre 4:30 y 4:40, o sea, que sigue sin salirme las cuentas. Llegué a pensar que hice más kilómetros, pero no, tampoco, la distancia marca 21,420 kilómetros. En fin, no voy a darle más vueltas. Ahora a preparar la siguiente.

De Berlín me quedo con lo bien que lo hemos pasado, lo que nos hemos reído y el disfrute de la carrera, porque la ciudad me ha dejado bastante frío, me ha decepcionado.

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