Correr para disfrutar

esfuerzo

El otro día oí decir (creo que fue Chema Martínez quien lo dijo) que para correr hay que esforzarse, no sufrir. Estoy totalmente de acuerdo. Lo que pasa es que el esfuerzo y el sufrimiento lo separan una delgada línea que es muy fácil traspasar, a veces sin darte cuenta.  

Como hobby que es, corro para disfrutar y a mí el disfrute me desaparece con el sufrimiento. Por los comentarios que oigo, y que seguro que todos habréis oído alguna vez, mucha gente no entiende cómo se disfruta corriendo; son comentarios del tipo: correr es aburrido, es muy cansado, correr es de cobardes, etc. Ni me molesto ya en rebatir. Afortunadamente cada vez más gente corre y han entendido por sí solas que se puede disfrutar corriendo. Y que engancha, la leche que si engancha.

Pero, efectivamente, correr requiere esfuerzo. Al principio, cuando comienzas a correr, cualquier excusa es buena para ponerte las zapatillas: hace frío, hace calor, hoy llueve, se me ha hecho tarde… y así hasta el infinito y más allá. Cuando empiezas a correr el esfuerzo es ponerte a correr. Pero cuando ya estás enganchado no hay día suficientemente frío, ni hace suficiente calor, ni estás tremendamente cansado que te impida salir a correr. El esfuerzo es quedarte en casa sin correr por circunstancias que esta vez sí son reales, o porque tienes que obligatoriamente descansar. Y no digamos si estás lesionado.

El enganche al running llega (o en mi caso llegó) cuando vas viendo los progresos de forma rápida. Porque en el running los progresos se van viendo rápidamente, eso sí, con el esfuerzo de salir a correr de forma continuada y con un entrenamiento adecuado. También te enganchas por la sensación de bienestar que se te queda cuando terminas: las cosas las ves de distinta manera, es una sensación de relax buenísima. Dicen que son cosa de las endorfinas.

Y cuando ya no puedes dejar de correr, suelen llegar los retos: tu primer cinco mil, tu primer diez mil, la primera media maratón, la maratón… Llega el esfuerzo en los entrenamientos por alcanzar hacer los cinco mil en menos de media hora, los diez mil en menos de una hora, la media maratón por debajo de las dos horas, etc. Esos entrenamientos con series, progresivos, cuestas… en los que terminamos agotados, pero felices. Hasta que consigues el objetivo: el esfuerzo ha merecido la pena. Y entonces te marcas nuevos objetivos: bajar de 25 minutos los cinco mil, de 50 minutos los diez mil, etc. y a esforzarte más en los entrenamientos. Lo cierto es que cada vez te marcas un nuevo objetivo que hace también que estés más motivado, y más enganchado. Y aquí es muy fácil traspasar la línea que separa el esfuerzo del sufrimiento. Aquí es donde, si no eres realista, puedes dejar de disfrutar de las carreras, de los entrenamientos y en general de correr. Para mí, sufrir en una carrera no se compensa con una MMP (mejor marca personal) o con completar una ultradistancia. Para mí disfrutar de una carrera y llegar a meta está por encima de cualquier MMP. Es una opinión personal.

En las carreras se disfruta, y mucho, del ambiente, del resto de corredores, del recorrido, etc. Suelen ser divertidísimas las conversaciones que entablas con otros corredores que muchas veces no los conoces de nada. O situaciones surrealistas como en la maratón de Barcelona cuando a uno que estaba corriendo a mi lado le sonó el móvil, lo cogió y tuvo una conversación más o menos como esta:
¿sí? [silencio] Estoy en Barcelona [silencio] Ahora no puedo, estoy haciendo la maratón [silencio] Me quedan unos 20 kilómetros [silencio] Ok, luego te llamo

A mí me gusta disfrutar de estas cosas antes que de una marca que se haya convertido en obsesión. Si puedo conseguir una buena marca, pues perfecto, pero si no, no pasa nada, para la siguiente carrera se intentará mejorar.

La mejor manera de no sufrir es siendo realista con los objetivos que te marques, porque si no lo vas a pasar muy mal viendo que no eres capaz de lograr un sueño que en tu caso es inalcanzable. Por ejemplo, el entrenador nos contó que una señora de 54 años, que no había corrido nunca antes, le había pedido que le entrenara para hacer una media maratón en una hora y treinta minutos. Evidentemente el entrenador le dijo que no podía ser, que si quería que le entrenara él debería ser realista. La señora hizo la media maratón en una hora y 43 minutos, que está muy, pero que muy bien. La verdad es que no sé cuánto tiempo estuvo entrenándola para llegar a ese tiempo, pero desde luego que es una marca cojo..buenísima.

Igual que con los objetivos, en las carreras y los entrenamientos, la mejor manera de no sufrir es no extralimitar tu capacidad de esfuerzo. Y ser consciente de que no todos los días estás igual de bien físicamente, que hay días que tus piernas vuelan y otros que pesan un quintal. Los entrenamientos también ayudan a adaptarte a cada circunstancia de tu estado físico y anímico para incorporarlo después a la carrera. Todavía no me he retirado de una carrera pero sí de entrenamientos en los que he entendido que ya había pasado la línea del esfuerzo, no porque el entrenamiento estuviese mal planteado por el entrenador, sino porque yo lo he ejecutado mal. Entiendo que a veces una retirada a tiempo es una victoria y que un entrenamiento llevado al límite no sólo no tiene ningún beneficio sino que puede hacer que te lleves una lesión a casa. Y no merece la pena.

Al tener que elegir una foto para ilustrar este post, no he tenido duda con la foto que hice en la maratón de Logroño del año pasado, con este corredor que muestra el esfuerzo en una carrera de 42,195 kilómetros que hizo en 3 horas y 49 minutos, alcanzando el cuarto puesto en su categoría.

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