Tirada larga accidentada

polar

El domingo pasado había planificado una tirada larga con el fin de prepararme para la que se avecina a partir de dentro de 15 días: dos medias maratones y una maratón.

El recorrido lo había planificado en 21 kilómetros y aunque parte de él no lo había hecho nunca, más o menos lo conocía y no había motivos para perderse.

Para no repetir el mismo error de la media de Vitoria, y ya que era un entrenamiento, me conciencié en llevar un ritmo lento, en torno a los 6min/km. Lo que antes para mí ese era un ritmo normal ahora me cuesta seguir ese ritmo, o me concentro o enseguida las piernas se aceleran. Se trataba de dar un paseo. No hacía mucho frío, pero sí viento que cuando daba de cara costaba avanzar.

El reloj me iba marcando el ritmo pero yo no sé si es que cada vez que conecto el reloj al ordenador se actualiza el reloj, pero el caso es que yo creo que cada vez me sale la información de forma distinta. Y ahí iba corriendo mientras miraba el reloj e iba tocando los botones cuando de repente plaaaafffff, tortazo contra una señal de tráfico. Qué vergüenza, ¿me habrá visto alguien? No creo, a las 9 de la mañana de un domingo no sale nadie de casa. Menos mal que como iba con las dos manos por delante al estar manipulando el reloj, los brazos hicieron de paragolpes. Ahí cambié de planes y decidí correr por sensaciones y si veía que cambiaba de ritmo ya miraría al reloj para comprobar.

Los primeros 10 kilómetros fueron de calentamiento, mi temor era qué pasaría al llegar al kilómetro 16, kilómetro en el que me dio la pájara en la media de Vitoria. Además no llevaba agua, ni geles, ni ningún avituallamiento y para colmo en Logroño han quitado los grifos de las fuentes en los parques para que no se congelen. Iba con un poco de miedo, pero cuando superé el kilómetro crítico seguía con la misma energía. Pues adelante!

Con buenas sensaciones, disfrutando del paisaje y sin rastro de cansancio, iba por el tramo de parque que no conocía y ocurrió lo que tenía que ocurrir: me perdí. Mi sentido de la orientación y mi despiste son dignos de estudio.

No había hecho los 21 kilómetros, así que no iba a parar, ya saldría por algún sitio. Y así pasaron los 21 kilómetros y seguí sin saber por dónde iba. Pues no iba a parar, ahora ya por orgullo propio, ni vuelvo para atrás ni me detengo. Iba genial de piernas, de pulmones y de energía y ya llevaba 26 kilómetros. Por fin, al girar una curva encontré con un lugar conocido y lo mejor es que estaba al lado de casa. Cuando llegué a casa faltaban pocos metros para llegar a los 28 kilómetros corridos, así que seguí hasta redondear la cifra. Al parar hice estiramientos con alguna ligera molestia pero que a los minutos desapareció. Buenísimas sensaciones: ni rastro de pájaras, ningún dolor, ni asfixia. Había hecho 28 kilómetros en 2:43 horas a un ritmo medio de 5:49 min/km.

Ayer me encontré por la calle con el entrenador. Le conté mis peripecias y le pregunté si 28 kilómetros eran suficientes para enfrentarme a la maratón. Me dijo que no, que me tenía preparada una tirada de 35 kilómetros para hacerla 15 días antes de la maratón.

Con la tirada del domingo le he perdido algo de miedo a correr durante horas, o por lo menos en las horas que corrí no sentí ningún agotamiento ni físico ni psicológico, y en ningún momento la tentación de detenerme. Contento con el progreso.

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