La culpa fue del WhatsApp

WhatsApp

Ayer tenía planeado ampliar mi entrenamiento hasta los 21 kilómetros de cara a una media maratón. Sin embargo, los planes se fueron al traste cuando el sábado por la noche recibí el whatsapp de un amigo para irme a correr con él. Este amigo ya tiene en sus piernas unas cuantas maratones así que pensé «a dónde vas a ir, alma cándida, con éste que te va a meter una paliza que no vas a poder ni moverte en todo el domingo?» Pero al final me animé, hala, que sea lo que Dios quiera.

Y allí que estábamos todos en el lugar y la hora prevista (qué puntuales son estos runners). Por unanimidad todos acordaron que yo marcara el ritmo. Por unanimidad sin contar con mi opinión que yo les dije que tiraran y ya intentaría seguirles. Aquí va mi primer consejo: cuando un corredor ducho en la materia te diga “marca tú el ritmo” no te hagas ilusiones porque no vas a marcar ni 200 metros, y verás cómo enseguida va a ir arrastrándote. Y así fue, al poco ya estaban tirando ellos a un ritmo de unos 4min/km. Aún así, les acompañé a ese ritmo durante los 3 primeros kilómetros, hasta que me rendí y bajé el ritmo para recuperarme hasta perderles de vista. Uno de ellos volvió para decirme que iban a ampliar el recorrido que habíamos planificado en unos dos kilómetros y que nos veíamos en el punto de partida.

Yo seguí con la ruta que habíamos fijado al principio, así que llegaríamos más o menos a la vez donde habíamos quedado. En cuanto me recuperé, fui aumentando otra vez el ritmo hasta encontrarme cómodo y seguir aumentando hasta un ritmo más que decente. Tengo muy claro que no puedo empezar fuerte porque no voy a aguantar. Los entrenamientos de 10km que he empezado por debajo de 4min/km al final los he terminado en más tiempo que cuando, por ejemplo, empiezo en 5,30min/km.

Yo seguí tan contento con mi carrera, hasta que no supe por dónde seguir. Era la primera vez que hacía esa ruta a pie (corriendo en este caso) porque siempre había ido en coche, o sea, sabía ir y volver en coche por carretera, pero no por caminos. Y claro, me perdí (yo y mi sentido de la orientación). Por suerte vi venir a un grupo de Beer Runners y me pensé: “estos vuelven a Logroño fijo”. Y me uní a ellos que efectivamente volvían a casa.

Llegué primero al punto de encuentro tras 14 kilómetros, muy bien de piernas y perfecto de pulmones. La semana pasada estuve un poco fastidiado con una rodilla, pero con el entrenamiento del jueves parece que se fue recuperando. Unos cinco minutos después llegó el resto que, según me dijeron, habían pensado alcanzarme en el camino de vuelta, JA!

Tras la sesión de estiramientos, charleta y despedida, vuelta a casa trotando para no perder el calor corporal, que la temperatura del ambiente estaba bajando por momentos. Ya he quedado con ellos para otro día, masoca que es uno.

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